DE FRACTURA DE HÚMERO A ARRANCADA DE FUERZA
En este artículo os mostraré cómo pasé de pensar que no iba a poder levantar
ni una pesa en mi vida debido a una lesión traumática de gravedad que
afectaba al conjunto de articulaciones que forman el complejo más móvil de
nuestro cuerpo, el hombro, a revertir la
situación practicando entrenamientos con altas cargas y demandas de movilidad
como halterofilia o Crossfit sin ningún tipo de problema.
Para ello es necesario empezar desde
el principio, la lesión.
Concretamente la evolución ha sido la siguiente:
1. Momento de la fractura:
2. Resultado inmediato de primera
intervención quirúrgica:
Como
podéis observar mi espacio subacromial
(espacio entre húmero y acromion) en ese momento era bastante limitado, lo cual supone una mayor comprensión del famoso tendón del manguito de los rotadores que recorre ese espacio, como se observa
en la segunda imagen, en color azul. A este reducido espacio se sumaban ahora
los extremos afilados de un clavo y dos
tornillos en la parte superior del húmero…
3. Primera recuperación (7 meses
post-operación):
El resultado fue una osificación
completa del punto de fractura, así como un aumento considerable del espacio subacromial. Este aumento me
ayudaría a minimizar la compresión y el roce sobre el tendón del manguito
rotador.
4. Segunda operación (3 años
post-accidente):
Recientemente,
tras un largo proceso de espera de 3 años, me han vuelto a operar para extraer
el clavo y los tornillos y evitar posibles complicaciones futuras. El clavo no
ha sido posible extraerlo, aunque sí los tres tornillos, siendo los dos
superiores los que mayor roce y desgaste podrían provocar en el manguito
rotador ante una posible pérdida de masa muscular y ósea futura.
Si
observáis la anterior foto se observa incluso mayor espacio subacromial en la actualidad, respecto al primer
aumento mencionado previamente.
Ahora llega el momento de conocer cuáles han sido mis estrategias de recuperación y readaptación
de esta lesión y las posibles razones de éxito, pero antes de ello...
¿QUÉ ME DIJO EL MÉDICO TRAS LA OPERACIÓN?
“No podrás volver a levantar peso”... “evita el
entrenamiento de fuerza”...”no hagas movimientos ni gestos por encima de la
cabeza”... “no muevas mucho peso no vaya a ser que te vuelvas a romper el
hueso”y un largo etc. de otros profesionales del sector salud.
¿QUÉ FUE LO QUE HICE?
El hecho
de quedarme incapacitado de uno de mis brazos para el resto de mi vida me
aterraba y me negué a aceptar esta dura
realidad.
Además,
aplicando mi lógica personal y mi formación universitaria deportiva, estas
recomendaciones me parecían del todo ilógicas por varios motivos:
Tras la fractura estuve un tiempo
con el brazo totalmente inmovilizado, por lo que la musculatura que rodeaba el
complejo de hombro y codos se debilitó considerablemente y perdí bastante masa muscular y movilidad.
¿Cuál es la causa de una debilidad?
FALTA DE FUERZA
●
Lógica médica: No entrenes la fuerza.
●
Lógica personal: Si entreno fuerza, seré más fuerte. Si entreno fuerza, tendré mayor
masa muscular. Si tengo mayor masa muscular, mi hueso estará más protegido ante
nuevas contusiones e impactos.
¿Cuál es la causa de una falta de movilidad?
NO MOVERSE
Sobre todo en los rangos de movimiento en los que somos
deficientes. Reflejo claro de ello, es la gran pérdida que sufrí tras no
haber movilizado dichas articulaciones durante un gran período.
●
Lógica médica: No moverse más allá de mis
limitaciones, evitar ciertos rangos articulares, etc.
●
Lógica personal: Si no me muevo, cada vez tendré menor movilidad. Si evito ciertos
rangos articulares, nunca seré fuerte en ellos.
De todo ello, concluí en que ganar rango de movimiento (ROM) y ser
fuerte en todo ese rango era la estrategia más lógica para solucionar mi
falta de fuerza y movimiento.
Por ello, empecé a entrenar ejercicios de ROM (Rango de movimiento)
completo, no sólo en mi hombro y codo, sino que apliqué esta lógica a las
principales articulaciones de mi cuerpo.
Sin embargo, la presencia de clavos y tornillos sumada a mi limitado espacio
subacromial podría comprometer en exceso el tendón del manguito rotador en
determinadas partes del ROM. Por ello, mi lógica personal me decía que aumentando al máximo ese espacio
subacromial el riesgo de compresión y roce al ganar fuerza en todo el ROM se
minimizaría considerablemente. De lo contrario, con el reducido espacio
subacromial inicial el desgaste y compresión serían considerables, hasta el
punto de tener que eliminar ciertas
acciones de manera permanente, lo cual NO ENTRABA EN MIS PLANES.
Pero…
¿CÓMO AUMENTAMOS EL ESPACIO SUBACROMIAL?
En primer lugar, debemos entender
que los huesos son estructuras fijadas
y sujetas entre sí por la tensión de
nuestros músculos, ligamentos y tendones. De no ser por ellos, la fuerza de
la gravedad haría que todos ellos se separasen y no pudiéramos mantener ni una
posición erguida. Por lo tanto, la mayor
o menor separación de los huesos, dependerá a su vez de la mayor tensión o
relajación de ciertos músculos.
Aplicando esta lógica este espacio
subacromial se verá influenciado por la tensión
o relajación de ciertos músculos adyacentes
tanto al húmero como a la escápula, dando como resultado distintas posiciones del húmero respecto al
acromion. Incluso dentro de un mismo músculo, podemos observar como la
activación de distintas fibras dará lugar a distintos resultados.
Por ejemplo: El trapecio puede elevar la escápula a través de sus fibras superiores (reduciendo el
espacio subacromial), mientras que sus fibras
medias e inferiores pueden retraer o deprimir la escápula (aumentando el
espacio subacromial). Si os fijáis la dirección
y orientación de las fibras, así como su inserción ya hacen ver hacia donde se
moverá el músculo mediante la contracción de estas fibras:
Por lo tanto, la estrategia en este caso sería:
●
Aumentar la
tensión en músculos que implicasen un aumento del espacio subacromial (trapecio medio e inferior, romboides,
redondo menor, infraespinoso, cabeza posterior del deltoides, etc.) y
●
Reducir tensión
en músculos que disminuyeran este espacio y provocasen mayor compresión en
el tendón del manguito (pectoral mayor, deltoides anterior, dorsal ancho,
trapecio superior, elevador de la escápula)
Hasta aquí podemos resumir la estrategia de readaptación en
tres puntos clave:
· Aumento
de la fuerza → Entrenamiento de fuerza.
· Aumento
de la movilidad → Ejercicios y movimientos de ROM completo.
· Aumento
del espacio subacromial → Compensación de relación tensión/relajación
muscular.
Los resultados de esta estrategia dieron lugar
a las siguientes diferencias entre antes:
Y
después:
Los
resultados fueron no sólo una recuperación, sino una mejora considerable en
la movilidad de hombros y también de otras articulaciones como cadera o
tobillo.
Además, también batí records personales en movimientos básicos donde la
participación del complejo del hombro es fundamental como Press banca (125kg),
dominada (lastre 60kg) e introduje levantamientos olímpicos como parte
fundamental de mi rutina, tanto para aumentar mi movilidad como mi fuerza,
llegando a marcas de 90 kilos en Jerk, por ejemplo.
Sin embargo, más allá de
recuperación funcional y fortalecimiento muscular…
¿QUÉ PASA CON EL HUESO?
Mi hueso estaba cerrado tras la
recuperación. Sin embargo, su densidad
mineral seguramente se vió mermada por su inmovilización.
¿Cómo recuperar esa densidad mineral y prevenir una futura fractura?
●
Lógica médica: Tu hueso está débil, por lo que
movilizar cargas altas podría volver a provocar una nueva fractura.
●
Lógica personal: Si mi hueso se ha debilitado, lo más coherente es que intente
fortalecerlo de alguna manera. Pensé que el entrenamiento de fuerza sería
una buena opción.
Amplificando esta lógica si el cuerpo no percibe que necesita más
masa ósea, ten por seguro que no va a gastar energía en construirla y va a
mantener la justa y necesaria para poder llevar a cabo eficientemente tus
tareas más habituales.
Por el contrario, la movilización de cargas externas cada
vez mayores si que podría ser un buen
estímulo para que el organismo perciba que es necesario crear más masa
ósea… xD
Fuera de esta lógica habría que ver qué dice la literatura científica sobre
el efecto del entrenamiento con cargas sobre
la densidad mineral ósea, pero primero quise comprobar la efectividad real de
otras recomendaciones más populares
para prevenir el deterioro o mejorar la densidad mineral ósea.
Suplementación o ingesta de calcio
En este sentido una revisión
sistemática reciente de Bolland, M. J. et al. (2015) concluye en que una mayor ingesta de calcio a través de la
dieta no se asocia a un menor riesgo de fractura y que tampoco hay
evidencia de que su suplementación aislada sea beneficiosa.
Además, un meta-análisis, realizado
previamente por los mismos autores, analizó 15 estudios, incluyendo cerca de
12000 personas, asociando una mayor
suplementación de calcio con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular
probablemente por una mayor acumulación de calcio o calcificación vascular.
Un mayor consumo de calcio en
ausencia de estímulos a nuestra masa ósea se podría comparar con querer
aumentar masa muscular simplemente consumiendo más proteína y sin hacer ningún
tipo de entrenamiento. Quizá un buen estímulo podría ser el entrenamiento con
cargas para ambos casos.
Veamos que dice la evidencia sobre
el papel de la actividad física como estrategia de prevención y/o mejora…
Actividad física
Un meta-análisis de Kemmler, W. et
al. (2013) apoya el efecto beneficioso
del ejercicio físico sobre el riesgo de fractura en personas de edad avanzada.
Sin embargo, según una revisión
sistemática de Zhao et al. (2015), donde se compara la efectividad de distintas
modalidades de ejercicio físico, no se
observan los mismos beneficios excluyendo y evitando entrenamientos de alto
impacto, como son los ENTRENAMIENTOS CON CARGAS. Cuando se observa el efecto de protocolos de resistencia
aislados, el efecto positivo se reduce.
REFLEXIÓN FINAL
Ahora me pregunto...
¿Qué hubiera pasado si siguiendo las recomendaciones médicas hubiera evitado el entrenamiento de fuerza, ciertos movimientos “prohibidos” o asimilado que mis limitaciones serían de por vida?
No lo sé, pero probablemente hubiera sido mucho peor, como lo es la readaptación de un
gran número de personas por no disponer de personal cualificado en el trato
directo al paciente ni en el proceso de readaptación.
Sin infravalorar las funciones del colectivo médico, las malas
recomendaciones que me aportaron desde el mismo de cara a la prescripción de
ejercicio readaptativo en mi patología sólo es uno de los muchos casos que
observamos en la actualidad, siendo necesaria
una autoreflexión sobre su papel como readaptadores deportivos, al no
cursar asignaturas específicas de estas funciones dentro de su formación
universitaria.
Por lo tanto, dado que mi formación como graduado en Ciencias de la Actividad
Física y el Deporte si ha tratado de manera específica el efecto fisiológico de
determinados métodos de entrenamiento en la readaptación de distintas
patologías, considero fundamental la
presencia de profesionales de mi ámbito en el sector salud y una regulación laboral que reconozca
verdaderamente nuestra formación y papel en una de las partes del proceso de
lesión o enfermedad, la cual se corresponde con la prescripción de ejercicio adaptado a las mismas.
Todo ello se reflejaría en un trabajo multidisciplinar de calidad
entre médicos, fisioterapeutas y readaptadores deportivos. Más allá de las
mayores o menores competencias de unos u otros, deberíamos ver que nuestra colaboración y apoyo tendrá beneficios
tanto en nuestros colectivos como en el protagonista de todo este proceso, EL
PACIENTE.
ADVERTENCIA

A pesar de haber centrado mi
readaptación en el entrenamiento de fuerza y ejercicios básicos con grandes
demandas de movilidad, no se pasa de una
fractura a hacer una arrancada de manera directa, sino que ha sido
necesaria una estrategia de selección de
ejercicios y métodos individualizada a mi patología con una correcta
temporalización de los mismos a través de todo el período.
Si
os ha gustado y queréis que haga una segunda parte, resumiendo paso por
paso los métodos que utilicé y que, actualmente, estoy volviendo a usar y su
orden de ejecución no tenéis más que decirlo, ya que muchas de las directrices
y bases aplicadas podréis adaptarlas a cualquier lesión.
Un abrazo a todos y sobre todo espero que...
¡TU CURIOSIDAD SE HAYA CONVERTIDO EN CONOCIMIENTO!
REFERENCIAS
Bolland, M. J., Avenell, A., Baron, J. A.,
Grey, A., MacLennan, G. S., Gamble, G. D., & Reid, I. R. (2010). Effect of
calcium supplements on risk of myocardial infarction and cardiovascular events:
meta-analysis. BMJ (Clinical Research Ed.), 341, c3691.
Bolland, M. J., Leung, W., Tai, V.,
Bastin, S., Gamble, G. D., Grey, A., & Reid, I. R. (2015). Calcium intake
and risk of fracture: systematic review. BMJ, h4580.
Kemmler, W., Häberle, L., & von
Stengel, S. (2013). Effects of exercise on fracture reduction in older adults.
Osteoporosis International, 24(7), 1937–1950.
Zhao, R., Zhao, M., & Xu, Z.
(2015). The effects of differing resistance training modes on the preservation
of bone mineral density in postmenopausal women: a meta-analysis. Osteoporosis
International, 26(5), 1605–1618.
















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