¿SUFRES DE DOLOR O INFLAMACIÓN CRÓNICA? OJO CON TU NUTRICIÓN
1. DOLOR E INFLAMACIÓN CRÓNICA EN LA ACTUALIDAD.
En la actualidad, encontramos un
gran número de enfermedades y
patologías dentro de sociedades
occidentalizadas asociadas a dolor
crónico o prolongado, cuyas causas
a día de hoy no están del todo claras.
Entre ellas podemos encontrar las siguientes: síndrome de dolor de vejiga,
dolores de cabeza o migrañas, fibromialgia o dolor crónico generalizado,
orquialgia (dolor escrotal), síndrome del intestino irritable, etc. y, por
último, dolores asociados a ciertas regiones corporales como espalda baja, zona
cervical, etc, que surgen sin un motivo
agudo aparente.
Por otro lado, también estaría aquel
dolor crónico prolongado, cuya causa se asocia inicialmente a lesiones agudas y directas, producidas
dentro o fuera del propio contexto deportivo. La causa del dolor en este caso
sí estaría clara, pero esa incapacidad
de solucionar el mismo no tiene una explicación clara y consensuada.
Curiosamente, dentro de cualquier
proceso de recuperación que envuelva
la participación de nuestro sistema inmune, ya sea dentro del contexto de una
enfermedad/patología o de lesiones/infecciones agudas, se siguen una serie de
pasos, en los que se ve un cuadro de inflamación
en las etapas iniciales.
El
problema no es la inflamación en sí, sino cuando se prolonga de forma crónica,
del mismo modo que el dolor. Esta cronificación también se relaciona con muchas enfermedades y patologías
occidentales, incluyendo trastornos neurodegenerativos como Alzheimer (1), depresión (2) o alteraciones
emocionales y cognitivas (3), así como artritis
y osteoartritis (4), enfermedades
cardiovasculares (5), trastornos
gastrointestinales (6) y diversos tipos de cáncer, siendo indicada incluso como protagonista en la generación
de tumores (7).
Dentro de los factores propuestos causantes
o moduladores de esta cronificación de la inflamación y el dolor se encuentran
el sueño (8), la obesidad (9), el sedentarismo o falta de actividad física (10)
o patrones nutricionales y dietéticos inadecuados (11).
Aunque algunos estudios confirman
que la falta de actividad física es la
principal responsable del desarrollo de todas estas enfermedades crónicas
(12), hoy vamos a abordar el problema desde el punto de vista nutricional, ya que el ejercicio físico no solo
mejora la inflamación o el dolor, sino que actúa por muchísimas más vías a la
prevención de estos trastornos, lo cual se sale del objetivo del artículo.
Concretamente,
hoy hablaremos del famoso Ratio Omega
6/Omega 3, ya que se ha relacionado directamente con la inflamación y el
dolor crónico.
Sin
embargo, en esta primera parte sólamente hablaremos de su papel en el dolor
crónico, dejando la inflamación para la segunda parte.
2. ¿QUÉ ES EL RATIO OMEGA 6/OMEGA 3?
Dentro
de los ácidos grasos poliinsaturados, se encuentran los ácidos grasos esenciales (AGE), ya que el cuerpo no es capaz de biosintetizarlos internamente y es necesario aportarlos a través de la dieta.
Dentro de estos AGE encontramos los denominadas ácidos grasos Omega 3 y ácidos grasos Omega 6.
Los
más famosos dentro de la familia Omega 3
son el EPA y el DHA (origen animal),
que encontramos principalmente en pescados azules, y el ALA (origen vegetal), que podemos encontrar en semillas de chía,
nueces, etc.. Sin embargo, nuestro
cuerpo sólo es capaz de utilizar EPA y DHA, por lo que se necesita una
conversión de ALA en estos últimos, lo cual reduce su biodisponibilidad, en
muchas ocasiones.
Por
otro lado, dentro de los Omega 6,
encontramos el LA (ácido linoleico)
que suele estar presente en aceites vegetales (soja, girasol, millo, etc.) y el
AA (ácido araquidónico) que puede
ser sintetizado a partir del LA o bien aportardo a través de fuentes
alimentarias como la carne.
Todos estos ácidos grasos cumplen funciones
esenciales y necesarias en nuestro organismo. Sin embargo, vemos como el equilibrio en la ingesta de Omega 6 y
Omega 3, o el ratio entre ambos, se ha inclinado
hacia un consumo más elevado de Omega 6, debido, entre otros factores, al
excesivo consumo y presencia de alimentos
ultraprocesados que incorporan aceites vegetales refinados (soja, girasol,
millo, etc.) y al bajo consumo de fuentes ricas en ácidos Omega 3.
3. RATIO OMEGA 6/OMEGA 3 EN LA ACTUALIDAD.
Este
estudio (13) indica que antes de la revolución industrial (99,6%
de nuestra evolución como especie), cuando se seguían los principios de una
dieta paleolítica, este ratio Omega
6/Omega 3, estaba en torno a 1/1,
mientras que ahora encontramos ratios de
15-20/1. Se observa claramente cómo a medida que nos introducimos en sociedades más desarrolladas o
industrializadas el desequilibrio es aún mayor:
La
evidencia científica es clara al respecto y algunos metaanálisis (análisis de
muchos estudios) indican que un aumento
de este ratio puede incrementar el riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte
(14).
Del
mismo modo, muchos estudios indican mejoras
en la salud mediante una reducción de este ratio (15,16,17,18)
Otra
consideración a tener en cuenta es que en las dietas paleolíticas, o previas a la revolución industrial, las ingestas de Omega 6 y 3 provenían
fundamentalmente de plantas y animales y el desequilibrio actual de este ratio no se debe a alimentos presentes
en estas dietas, sino al de aceites
vegetales refinados industrialmente, y su incorporación en la inmensa
mayoría de productos industriales,
para lo cual nuestro genoma no está
evolutivamente adaptado, como explicaré más adelante. A continuación vemos el
incremento exponencial del consumo de
estos aceites, respecto de otras grasas en el último siglo:
Ahora
veamos cómo este Ratio Omega 6/Omega 3 puede influir en el objetivo del
presente artículo
4. INFLUENCIA DEL RATIO O6/O3 EN EL DOLOR CRÓNICO
Parece ser que los ácidos grasos Omega 3 y Omega 6 pueden ser
convertidos endógenamente en una
especie de hormonas de acción local
denominadas autacoides, las cuales pueden tener bien propiedades pro-nociceptivas (aumenta
percepción de dolor) o antinociceptivas (disminuye percepción de dolor).
Concretamente, los mediadores derivados de ácidos grasos Omega 6 LA (ácido linoleico) y el AA (ácido araquidónico) son pronociceptivos, mientras que los derivados
de ácidos grasos Omega 3 EPA y DHA
son antinociceptivos. Por lo tanto,
un desequilibrio en la producción de
estos mediadores puede contribuir de manera relevante a la iniciación y perpetuación del dolor crónico (19).
Un estudio (20) trató de comprobar cómo la modulación de este ratio afectaba a 67 pacientes de dolor de
cabeza crónico caracterizado por más de 4 horas de dolor al día, durante al
menos 15 días por mes de los últimos 3 meses. Además, el 93% de los pacientes
sufría migrañas y tomaban una media de 6 medicamentos para este síndrome.
Se dividió la muestra en dos grupos: 1) Dieta alta en Omega 3 y baja en Omega 6 (H3-L6); 2) Dieta baja en
Omega 6 (L6). Ambos grupos consumieron misma cantidad de calorías totales,
así como mismo porcentaje de grasa, proteína y carbohidrato.
Los resultados mostraron beneficios para ambos grupos, aumentando
la cantidad de Omega 3 y reduciendo
el Omega 6 en las células. Sin
embargo la mejora de estos
parámetros fue mayor en el grupo 1
(el que consumía más omega 3 y menos omega 6).
Fuera de parámetros internos y
respecto a las propias sensaciones
subjetivas de dolor crónico de los sujetos, también se experimentó una mejora en ambos grupos de intervención.
Sin embargo, en el grupo 1 los
beneficios fueron más del doble en el HIT-6
test (valora dolor percibido, rol funcional y social, vitalidad, función
cognitiva, estrés, etc.) y en los días de dolor por mes comparado con grupo 2, y más
del triple en reducción de horas
de dolor por día y en la
probabilidad de experimentar un día de dolor
grave.
Sin embargo, este estudio sólo refleja los beneficios
derivados de una reducción de la
ingesta de Omega 6, pero no se reflejan los prejuicios que
supondrían un aumento
desproporcionado en el consumo de los mismos, así como del ratio Omega 6/Omega 3.
Un estudio de 15 semanas aplicado a animales (19) trató de resolver esta cuestión dividiendo la muestra
en tres grupos: 1) Alta ingesta de LA
(ácido linoleico Omega 6) (10%
Energía) 2) Moderada ingesta LA (5,2%
Energía) 3) Baja ingesta de LA (0,4% Energía).
Los tres grupos consumían misma
cantidad de energía y mismos
porcentajes de grasa, proteína y carbohidrato, variando
únicamente el ratio Omega 6/Omega 3 mediante mayor o menor consumo de LA.
La hipótesis del estudio es que esta
modulación del ratio Omega 6/Omega 3 provocaría alteraciones en los autacoides
pronociceptivos y antinociceptivos localizados en tejidos periféricos y
regiones corporales normalmente asociadas a patologías de dolor crónico en humanos: perineo (vulvodinia),
vejiga (síndrome de dolor de vejiga), epidídimo (orquialgia), esófago (reflujo
gastroesofágico), duodeno (síndrome del intestino irritable) y trapecio (dolor
miofascial), así como en sistema nervioso y circulatorio.
A pesar de que no se afectó el peso
corporal en ninguno de los tres grupos, a mayor
ingesta de LA se produjeron mayores diferencias significativas hacia mayor presencia de LA y AA (Ácido
araquidónico) en tejidos periféricos y
nerviosos asociados a dolor crónico, siendo ambos pronociceptivos, como
hemos visto anteriormente.
Además, también se produzco un aumento de los metabolitos derivados de la
oxidación de LA (OXLAMs) a medida que se aumentaba su consumo. Mayor
presencia de OXLAMs se ha asociado a propiedades pronociceptivas (21),
Alzheimer (22), esteatopatitis no alcóholica (acumulación grasa en hígado)
(23), aterosclerosis (24), tendinopatías crónicas (25), etc.
Por otro lado, la presencia de ácidos grasos Omega 3 (EPA y DHA) en los tejidos asociados a dolor crónico
analizados fue menor en EPA e incluso disminuyó significativamente en DHA en el
grupo 1 y 2 (10-5%LA), respecto grupo 3 (0,4%LA). Por lo tanto, estos dos
grupos presentarían menos propiedades
antinociceptivas derivadas de los Omega 3.
Hasta aquí parece claro que un aumento del desequilibrio Omega 6/Omega 3
hacia un mayor consumo de Omega 6 puede provocar un aumento de mediadores relacionados con la aparición, mantenimiento
y perpetuación del dolor crónico y
multitud de trastornos relacionados.
Sin embargo, me gustaría mencionar
algunas cuestiones curiosas de ambos estudios…
5. DATOS CURIOSOS
INTERFERENCIAS CONVERSIÓN OMEGA 6 y OMEGA 3.
Tanto
en el estudio realizado en humanos (20) y el estudio aplicado en animales (19)
los grupos de baja ingesta de Omega 6 LA mostraron incrementos de las concentraciones
endógenas de Omega 3, sin alterar su ingesta exógena de Omega 3. En el
estudio con animales, además, las ingestas fueron exactamente similares en los
tres grupos:
En el estudio de humanos se llevaron
a cabo ingestas bajas de Omega 3 características de una dieta típica
estadounidense.
¿Por qué ocurre esto?
Parece ser que la conversión enzimática de ácidos grasos Omega
3 como ALA (ácido alfa linoleico) a EPA y DHA y de ácidos grasos Omega 6 como el LA (ácido linoleico) en
AA (Ácido araquidónico) comparten las
mismas vías y puede darse competitividad por las mismas. Por lo tanto, una mayor presencia de LA impide la conversión
de ALA en EPA y DHA (19).
A
misma cantidad de ácidos grasos Omega 3 tipo ALA, una menor presencia de LA puede provocar una menor interferencia
y favorecer la conversión enzimática de
ALA en EPA y DHA y dar como resultado una mayor entrada y presencia de los
mismos dentro de nuestro organismo, lo cual es posible que haya sucedido en los
estudios analizados (19,20).
Para una mejor comprensión, imaginad un
cúmulo de personas (buena y mala) que espera la llegada del autobús. Cuando el
autobús llega, las personas, independientemente de que sean buenas o malas,
pasan por las mismas puertas. Además, las plazas son limitadas, por lo que una
vez lleno dará igual que lleguen más o menos personas buenas (en este caso
sería mayor o menor ingesta de Omega 3 si las rutas de conversión están
colapsadas). Si por el contrario, sólo quitásemos las personas malas (Omega 6)
de la parada del autobús, sin cambiar el número de personas buenas (Omega 3),
su probabilidad de entrar al mismo sería mucho mayor, aumentando por tanto el
número de personas que viajan dentro de él (nuestro organismo)
¿SON EXTRAPOLABLES LOS RESULTADOS DE UN ESTUDIO EN ANIMALES?
La
interpretación y extrapolación de
resultados en estudios con animales hacia el contexto humano hay que realizarla con cautela. Sin embargo, en el estudio analizado
(19) el porcentaje de energía derivado de ácidos grasos Omega 6 AL en los grupos de ingesta alta y moderada (5-10% energía) se corresponde con lo que
se observa en sociedades occidentalizadas y en dietas modernas altas en
Omega 6 AL. Concretamente, el 80% de los
estadounidenses consumen más del 5% de su energía en forma de AL y el 18% más del 10% de su energía (27) lo
cual se asemeja a las dosis establecidas en los grupos del estudio.
Este
aumento del AL en la dieta ha
aumentado más del triple en el último
siglo, pasando de un 2% a un 7%
(28).
En
la siguiente imagen se ilustra claramente.
6. PREGUNTAS TÍPICAS.
¿UN SUPLEMENTO DE OMEGA 3 PUEDE MEJORAR ESTE RATIO SIN MODIFICAR MI DIETA?
NO.
Como
acabo de comentar, si tu ingesta de
Omega 6 LA sigue siendo elevada
(personas malas en el autobús), la interferencia
se mantendrá (no cabe más gente) y será inútil aumentar la ingesta de Omega
3 (llegada de gente buena en la parada).
Además,
queda reflejado en el ámbito científico
en algunos estudios (26). En este estudio
se dividió la muestra en dos grupos:
1) Alto LA (Omega 6) + Baja ingesta grasa saturada y 2) Bajo LA + Baja ingesta
de grasa saturada.
En
ambos grupos, se aportó misma cantidad de un suplemento de Omega 3 EPA y DHA,
observándose un mayor incremento
endógeno en el grupo que consumió cantidades bajas de Omega 6.
Otro
dato curioso de este estudio, que ya
reflejo en una infografía anterior, es que el grupo 2 (bajo LA) compensó la
reducción de estos Omega 6 con una mayor
ingesta de ácidos grasos monoinsaturados
(como el aceite de oliva), sin
interferir en el aumento endógeno de EPA y DHA. Por lo tanto, la
sustitución de aceites ricos en Omega 6 (girasol, soja, etc.) por aceite de
oliva virgen extra (monoinsaturado) puede ser una buena opción para mejorar
este ratio Omega 6/Omega 3. Además,
fuera del ratio Omega 6/Omega 3 esto será especialmente
importante si lo calentamos, ya que las tasas de oxidación del aceite de oliva son ínfimamente menores que
las de los aceites refinados de girasol, soja, etc., a altas temperaturas, por
lo que se minimizará el daño oxidativo derivado.
¿UN SUPLEMENTO DE OMEGA 3 PUEDE MEJORAR MI RATIO CON UNA BUENA DIETA?
Los estudios que normalmente reflejan
mejoras mediante la suplementación de Omega 3, suelen ser en pacientes con condiciones patológicas como
diabetes gestacional (31), periodontitis (32), hígado graso (33), etc.
Incluso
a pesar de haber evidencia escasa de su efectividad dentro de condiciones
patológicas, si hay más evidencia de su NO efectividad sobre
alteraciones cognitivas, ya que un metaanálisis del año 2015 (34), que
revisó 24 estudios, concluye en que no hay evidencia de un efecto cognitivo
positivo en población general ni tampoco
en población con desórdenes neurológicos. Sin embargo, sí que afirma cierta evidencia hacia el efecto positivo en personas con déficit en la ingesta de Omega 3.
Por lo tanto, no parece claro que una suplementación de Omega 3 beneficie a sujetos
sanos, ni a aquellos que lleven una alimentación saludable.
Además, hay que tener en cuenta que
la composición de los suplementos
comerciales suele dejar mucho que desear,
ya que, normalmente, la presencia de otros ácidos grasos como el aceite de palma (muy demonizado en los
últimos años) es mayor que la de Omega 3 en los mismos. Por lo tanto, estas
tomando mayoritariamente una grasa
barata perjudicial para tu salud y encima a precio de oro.
Sumado
a ello, las tasas de oxidación de estas
grasas son mayores en forma de suplemento por el proceso de manipulación
industrial del mismo.
Siempre
que se pueda se debe priorizar el
alimento en su conjunto, ya que la interacción de nutrientes en la matriz
alimentaria favorece una mayor absorción de todos ellos que si ingerimos
exactamente los mismos nutrientes de forma aislada y artificial.
Miguel Ángel Martínez, director del
Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de
Navarra y uno de los principales investigadores de sobre enfermedad
cardiovascular de nuestro país lo señala de la siguiente forma:
"Si quieres prevención con omega 3, toma pescado. Hay muchos estudios que
demuestran que tomar tres raciones a la semana, principalmente de pescado azul
-caballa, atún, arenques, sardinas- reduce el riesgo de cardiopatía isquémica.
Pero el suplemento desvinculado de la matriz es otra cosa. Los estudios que se
han hecho sobre sus beneficios muestran resultados dispares"
7. REFLEXIÓN SOBRE SITUACIÓN ACTUAL.
Como
hemos visto previamente, el consumo
de ácidos grasos Omega 6 se ha
triplicado en el último siglo de un 2 a
un 7%, aproximadamente (28).
Pensaréis que sólo un 5% de aumento no
tiene por qué ser preocupante. Sin embargo, si consideramos las dietas
modernas a partir de la revolución industrial (10000 años
atrás) es el período donde nuestro patrón
de alimentación más se ha modificado desde el inicio de nuestra evolución
(3-4 millones de años atrás).
Sin
embargo, este período de grandes cambios alimenticios sólo supone un 0,4% de nuestra evolución…
Pensaréis
que 10000 años es suficiente tiempo para que se den adaptaciones de nuestra
genética a estos nuevos estilos de alimentación. Sin embargo, se ha estimado
que el ratio de mutación del ADN
nuclear es aproximadamente de 0,5% cada
millón de años. Por lo tanto, los últimos 10000 años darían lugar únicamente a una adaptación o modulación del genoma de 0,005% (29). Si tenemos en cuenta que los aceites vegetales refinados se introdujeron en nuestra dieta hacia
aproximadamente el año 1910 (30) la adaptación de nuestro genoma a estos
alimentos es aún más ridícula, siendo aproximadamente de 0,00005%, al igual que en alimentos como el azúcar, cereales refinados, etc, cuyos efectos sobre la salud daría
para escribir un par de artículos más.
Seguramente ahora comprenderéis que aumentar más del triple el consumo de un determinado nutriente, en la mayor parte de la población y en más de 5 veces en un sector moderado de la misma tiene una repercusión enorme en nuestro genoma, ya que no es a lo que están adaptados ni lo que esperan evolutivamente. Más grave aún, es que este aumento provenga de alimentos cuya presencia en nuestra dieta en términos evolutivos es relativamente ridícula como son, en este caso, los aceites vegetales refinados.
Lo preocupante no es la variación de
nutrientes, ratios o porcentajes de grasa, proteína y carbohidrato, sino las
fuentes con las que los administramos. Se ha visto como tribus ancestrales en condiciones
paleolíticas han llevado porcentajes
de macronutrientes muy dispares
entre las mismas, mostrando todas ellas marcadores
de salud mucho mejores que la
población occidental.
Concretamente,
los hidratos de carbono pueden tener
una varianza de entre el 3-50%,
según zona geográfica, en estas tribus cazadoras-recolectoras (35). Por su parte,
las proteínas podían ir desde un 19 a un 35% aproximadamente (36)
Por
lo tanto, es coherente pensar que estos mejores
marcadores de salud se deben a que estamos más adaptados a alimentos que han estado el 99,6% de nuestra evolución restante,
como pueden ser frutas, verduras,
carnes, pescados, semillas, tubérculos, huevos, etc. independientemente del
reparto de macronutrientes.
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